Ocho años después de haberse estrenado en salas españolas esa maravilla llamada Donnie Darko, tan desapercibida entre los “no entendidos” del séptimo arte, nos llega el nuevo trabajo del director y escritor Richard Kelly.
Tras habérsela pegado bien fuerte con Southland Tales en 2006 (película inédita en nuestro país), vuelve a la carga con una propuesta aparentemente mucho más comercial que sus anteriores películas: The Box (“La caja”), thriller protagonizado por Cameron Diaz, James Marsden y Frank Langella, basado en el relato corto deRichard Matheson publicado en 1970, y titulado “Button, Button” (“Botón, botón”), inspirado a su vez en otro cuento, de Isaac Asimov, y que curiosamente se titulaba de la misma forma.
A principios de octubre de 1959, empezaba su emisión en la cadena norteamericana CBS una peculiar serie de televisión: The Twilight Zone, La dimensión desconocida. Durante prácticamente un lustro, la fantasía, el terror y la ciencia ficción embelesaron a las audiencias estadounidenses con sus 156 episodios. El éxito fue tal que en 1985 empezó un revival que duraría 65 capítulos más.
El 7 de marzo de 1986 se estrenó un capítulo basado en el relato de Matheson, ambientado en la actualidad de la época. La televisión fue, sin duda, el medio ideal para estrenar esta adaptación. Y el estilo de The Twilight Zone, algo retro y con un halo de misterio muy particular, dotaron a ese episodio del tono adecuado.
Con la adaptación cinematográfica sobre la mesa (o dentro del proyector), uno no sabe cómo reaccionar inmediatamente ante lo visto en pantalla.
La premisa de la historia es bien simple: Una mujer recibe a un hombre misterioso en casa, el cual le deja una caja con un botón en su parte superior. El hombre le dice que si presiona dicho botón, alguien a quien no conoce morirá y, a cambio, recibirá un millón de dólares al día siguiente, que él mismo se lo entregaría en mano.
La sensación que me ha dado The Box durante toda la proyección ha sido de querer y poder, pero no llegar. Richard Kelly es un director eficiente y con estilo propio, como muy bien nos demostró con Donnie Darko. Cuando quiere crear un determinado tipo de atmósfera, la crea, y resuelve las secuencias rodándolas con una elegancia simple e impecable.
En The Box, Kelly trata de recrear lo mismo. Sabe crear un clímax. Lo crea y le da forma, pero no fondo, como si él y la propia película estuvieran demasiado acomplejados por la naturaleza de la historia: The Twilight Zone, la serie B, lo retro, un tono en concreto. Pero no encuentra su lugar y se lía a la hora de tratar con el género. Las pretensiones le pueden. El problema ya no son los complejos, sino cómo tomarse la esencia de la historia. Y Kelly se la toma demasiado en serio, creando unas situaciones presuntamente inquietantes que terminan cayendo en el más absoluto de los ridículos, al más puro estilo del peor M. Night Shyamalan.
El resultado es una película que no funciona ni siquiera en su interesante carga metafórica. Desde luego, Kelly sabe captar la atención y, al menos, entretiene algo. Arriesga alejándose del típico blockbuster, e incluso tiene algunos aciertos completamente aislados, pero patina en lo que ya he mencionado arriba.
El reparto apenas ayuda. James Marsden no logra captar la atención en ningún momento, ni siquiera en las escenas más dramáticas; mientras que la dudosa capacidad de Cameron Diaz (y su operadísima cara) para el drama hace estragos en todas y cada una de las secuencias que protagoniza, incluidas las más delicadas, forzándonos a preguntarnos si el director de casting estaba realmente sobrio cuando le tocaba trabajar.
Frank Langella es el único miembro del reparto que, apenas sin mover una ceja, consigue llenar la pantalla y hacernos olvidar, por un momento, el despropósito quimérico que sucede ante nuestras narices.
Si pulsando el botón de la caja se detuviera la proyección, en lugar de darnos el millón de dólares del film, yo sin duda lo apretaría. A pesar de las consecuencias.
fuente: cinefilo
